🌆 En otoño la caida del sol apura el fin del día, a lo que todavía le decimos “la tarde”.
Ese martes todo había salido mal y hasta lo que creía librado al azar también. Entonces, intentamos reírnos, cruzamos la plaza, pedimos ☕️☕️ y brindamos por las veces que las cosas sí habían salido bien, en las que el auditorio rebozaba de ávidos lectores que al finalizar no se irían sin antes ella les firmara la primera hoja, es que aunque sea 2026… todavía para algunos románticos literarios, el autógrafo y la dedicatoria, sigue siendo mucho, muchísimo más valioso que una selfie que dura 24hs en tus rrss🥹
Mi socia esa tarde invitó y me dijo: - Tomalo como un como brindis anticipado por tu cumpleaños – volvimos sobre el tema, sobre lo malo del evento y nos dimos esperanza para los próximos 🤝 puse la propina abajo del platito, nos despedimos en la puerta no sin antes, hacerle el gesto 🤫 - No me digas felíz cumpleaños todavía, es mala suerte - Y ella respondió: -¿Peor de la que tuvimos hoy? –
“No nos une el amor nos une el espanto, será por eso que nos queremos tanto” como dice la frase ✍️
- Te acerco a la avenida – me dijo, pero yo agradecí no iba hacia allí, mi destino era todavía más lejos de la avenida. Y empecé a caminar. Me venía bien esa peregrinación, tenía que dejar atrás aquellos golpes al ego que los artistas padecemos cuando el reconocimiento no es de la medida idealizada, y aunque esta vez no me pertenecía el protagonismo porque no era yo quien disertaba, era un sentimiento solidario, sé lo que se siente 📚 Y miré la noche, me crucé con aquellos que sacaban a pasear a sus perros por última vez en el día y ví llegar del trabajo a los que el día los dejaba en la puerta de sus casas, miré ventanas desde las que aún reinan esos aparatos obsoletos para las últimas generaciones y algunos sabemos que eso se llama: televisor y me confirmaba que para mí el tiempo también estaba pasando. Y caminar para adelante era figurativo si pensaba que en algunas horas cambiaba en el calendario el día, pero a mí me cruzaba de ☀️ y 🌑
Llegué al destino, posada para mi vigilia. En esa cita con mi destino, la barra colorida era el símbolo de la alegría por la vida, sacarle un poco de protagonismo a los claro oscuros que siempre pinto y miento cuando digo que de grises tengo que aprender por eso del solo hecho de que prefiero la tercera posición antes de determinar algo. Porque si hay algo que no me esfuerzo por erradicar de mi mood tauro, es eso… espero, contemplo y decido. No lo hago rápido. Tomo el tiempo que sea necesario, pero una vez que decido, no hay vuelta atrás. Y brindé, conmigo y por mí.
El restaurante se fue ocupando, otros cumplían años o cumplían con algo y por eso venían un martes tan temprano a cenar. Escuché “Las mañanitas” varias veces durante la vigilia. Aplaudí cumplidamente desde mi banqueta porque puedo abstraerme en la víspera, pero no en la vida.
Y llegó el plato lleno, cubiertos que no usé y el espacio se completó con servilletas de papel que evitaron manchas mayores a mi elección de comer con las manos.
Marianela (dueña y cocinera) bajó cuando promediaba la noche, la cocina está arriba, los platos bajan por un monta carga pequeño a la barra, fui la espectadora de lujo. Lo soy hace años. Nos saludamos, se acercó. Le conté que había copiado el espíritu de la vigilia a “La Dama” esa otra que también le pone sabor a la víspera y sin más aclaraciones no me iba a preguntar si esperaba a alguien más. En este restaurante nunca es problema venir sola/o, todo lo contrario: el respeto a las soledades, la música y la comida sabrosa se convierten en un sentimiento colectivo.
Hablamos del restaurante, de gastronomía, de familia, de México, de todo y de nada… de la vida y los cumpleaños. De que cuando empecé a venir a este restaurante no usaba anteojos y que ahora la carta debo leerla agrandando la letra después de scannear el QR. Experta en vivir, coleccionista de anécdotas.
Y después me fui. Yo no rezo, pero antes de dormirme agradecí la noche, el día, la semana, los meses, los años… y este que se sumaba. Es que las vigilias son ideales para cambiar ritmos, apaciguar vértigos y predisponerse a efemérides. Sacarles el peso protagonista, andar en sútil liviandad, valorar lo que sí y dejar de lado lo que no.
A la mañana siguiente para mí empezaba un año más.
Bárbara
Link al video: https://www.instagram.com/p/DYsFHaNkTpq/?img_index=1
PD: El restaurante donde sucede esta nota es 5ta. Esencia en Debenedetti y Rawson La Lucila (ahí nomás saliendo de la estación de tren) Vicente López (https://www.instagram.com/5taesenciarestaurantmexicano/) del cual ya he escrito tantas veces, porque cumple y mantiene todo lo que uno desea como comensal (servicio, comida y precio) siempre recomendable.
Lo que comí: tacos de birria de res (con cebolla y cilantro, con guacamole taquero) y de hongos (se puede elegir entre las opciones de tacos variados: consultar antes)