Cumplir años, también es un "Continuará"

Hace unos días cumplí años. 

Llegué a 44 otoños. 

Hice todo lo que una taurina digna de Ser haría en su día y en su vida: agradecer la salud, las virtudes y los dones que me fueron dados y agradecerme por salir al ruedo también con los defectos que no puedo cambiar, siendo, principalmente la que los padece… también brindar, reírme, buscar, encontrar y sostener momentos de risa y placer, comer cosas ricas, recibir regalos materiales e inmateriales y soplar velitas con los ojos cerrados, ilusionándome en que se cumplan los deseos. 

Sabiendo que esa carta está en el mazo y que en cualquier momento puede salir, estar preparada para la suerte también como “estilo de vida”.


Entonces hice la vigilia la noche anterior, lo aprendí de una amiga, yendo en busca de una “cita conmigo misma” haciendo eso que me sale tan bien: comer, beber y escribir… (nota aparte que con tiempo va a llegar). 



A la mañana siguiente agenda en blanco, sin alarma y desayuno de regalo de esos que en una caja caben siete mañanas. Almuerzo con amigas, de esas que no les parece raro que no me saque los anteojos oscuros para comer en un lugar cerrado, nada dirían de que no hay sol y el injustificado uso: saben que todo lo que tengo de divagante lo deseo de diva. Atardecer con la familia, rutina doméstica, vasitos de plásticos y soplar la velita las veces deseadas por cada niño y niña de la familia. 



Cumplir en día de semana tiene eso de parate y seguir, pero también tiene eso de gitana, de que seguiré festejándolo varias veces más, hasta la última gota, de la última copa…



GRACIAS (de verdad) a todos quienes me saludaron y desearon cosas lindas, las rrss bien usadas son muy buenas, acortan distancias, logran deseos de esos que se piden cuando se soplan las velitas… en todos los sentidos podría escribir un tratado sobre esto… “próximamente” ¿?


Bárbara


PD: “La suerte es un estado de ánimo” (anónimo) es una frase que rezo en mi libro, es que hay algo de ese azar que domina los días… y las noches. María me regaló ese trébol de cuatro hojas y no dijo nada más, todos sus dientes brillaban plenos en la sonrisa que enmarcaba. Ahora llevo días leyendo sobre esta planta, cómo debo cuidar y… no sobre pensar su significado.